
No sé si fueron las noches tristes
o el rocío solitario,
no sé si fueron mis pasos,
o los tuyos,
en cualquier caso
arribaste para el postre,
por los tejados,
por los bozales, los grilletes,
las esposas, a nado,
por el aire, por la tierra,
por el pensamiento o por el bocado,
estabas, pero no se te veía,
sólo se te olía en lo que discernía
con la esclavitud,
por los errores, me decías,
por la virtud
me arañabas, aún sí
supe de ti en mí,
sin escaladas, por la puerta,
por las ventanas, en poemas,
en el humo y las apuestas.
Donde me dolían me acunabas,
donde callaba me llamabas,
y fue un día donde pasé
de ser suma en la gente
a florecer en lo diferente,
y fue así, en muy poco,
donde de tu nombre
me parieron por adjetivo,
y sin querer ya estaba, era loco.