sábado, 8 de noviembre de 2014


 
Majestuosos cielos que se abrían entre nubes musculosas a velocidad perfecta,
¿era agua o eran espumas de ola?
Nunca me he intentado convencer si es el mar o es el cielo. 
Caminos se bifurcan desde que los pienso,
puedo  conocer a personas que admiro gracias a un libro,
puedo vivir ayeres que antes no existían y ahora edito,
puedo volar sonriente sobre imágenes
que me traen ternura fresca de bondades exquisitas,
puedo quitarme una máscara y ver otra detrás,
unos ojos cerrados ven más allá que unos prismáticos,
mi poemario es el acento de mi vida,
canalizador de verdades en estuches de papel,
lo mejor de mi soledad sus psiquiátricos.
Comienzo el descenso o la ascensión, 
alto y profundo son lo mismo dependiendo donde mires,
en la lentitud está la retirada,
retroceso al punto de partida,
comprimiendo vastos espacios a una mesa de salón,
el capó de un coche,
una cama desordenada,
un sueño, un escalón, 
he regresado a tiempo 
por los túneles invisibles de las musas aladas.
 

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